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Celebramos el día de los humedales con gran preocupación

aves

 

Por: Luis Jorge Vargas y Mauricio Castaño Penagos - febrero 11 de 2020

Cada año el dos de febrero se celebra en todo el planeta el día de los humedales, se reconoce su importancia para mantener la vida silvestre y los innumerables beneficios que aportan a la vida humana.
 
Así lo han ratificado las instituciones responsables de su conservación en Bogotá, en diferentes medios de comunicación y redes sociales, desde hace nueve días, pero este propósito riñe con la incoherencia de los últimos proyectos contratados para, según afirman, conservar y proteger estos ecosistemas.
 
La Administración Distrital que acaba de terminar dejó en marcha la construcción de un enorme puente peatonal en concreto de algo más de 1 km, sobre zona inundable del humedal Tibabuyes (Juan Amarillo) y mobiliario para la recreación activa; en Jaboque la construcción de zonas duras en zona de protección forestal del humedal y la consecuente tala de árboles; al humedal el Burrito lo están secando para urbanizarlo con permiso de la Secretaria Distrital de Ambiente; el humedal de Tibanica lleva años agonizando por falta de agua y se está quemando; en Córdoba un proyecto costosísimo de senderos ecológicos de bajo impacto el cual, al parecer, engañando a la comunidad, incluye miradores que serán construidos dentro del hábitat acuático con todas las consecuencias que se pueden derivar de la aplicación de mezclas de cemento para darle soporte a dicha estructura, lo cual implicaría una excavación de varios metros de profundidad y la generación de metros cúbicos de material arcilloso que sólo podría ser manejado con maquinaria pesada e ingreso de volquetas para redisponerlo en algún sitio previsto por la autoridad ambiental. 
 
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Al igual que en el año 2016, en 2020 el humedal
Tibanica se sigue quemando.
 
Para completar el panorama, sacan una serie de normas, las cuales, en lugar de conservar, atentan contra la vida silvestre que tanto trabajo ha costado proteger en los últimos 20 años, como el caso del Decreto 552 de 2018, el cual establece las figuras transaccionales para sacar provecho económico del espacio público, sin tener en cuenta la condición de humedales de importancia internacional RAMSAR, cuando no, de áreas protegidas que están consideradas en el POT vigente. 
 
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El tratado de RAMSAR tiene como uno de
sus fines principales proteger las aves acuáticas,
muy difícil de lograr con aguas servidas en los humedales.
 
El remate de faena lo constituye la Resolución 03964, firmada en el último minuto de gobierno, el 31 de diciembre de 2019, mediante la cual se estaría permitiendo por parte de la autoridad ambiental que los humedales sean el destino de una apreciable carga de aguas residuales sin tratamiento, como consecuencia de una inédita flexibilización de los estándares de calidad del agua hasta niveles peligrosos para muchas de las formas de vida que residen o se relacionan con los humedales. Un caso concreto sería el de los anfibios que en los estudios biológicos siempre han sido considerados biosensores por su susceptibilidad a determinadas formas de contaminación en el agua como los detergentes, que no sólo afectan sus estados de vida inmaduros (renacuajos) sino que alteran la capacidad de la piel de los adultos (como las ranas) de intercambiar gases y protegerse de los microorganismos peligrosos. 
 
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Rana Sabanera, todavía sobrevive en los humedales de Bogotá.
 
Es decir; desde el primero de enero de 2020 para la entidad que emitió esta resolución a espaldas de los derechos constitucionales a la vida, el equilibrio ecologico y en especial el derecho de los ciudadanos de gozar de un ambiente sano, el eufemismo de denominar “aguas grisesitas” a las aguas de alcantarillado que durante los últimos cuarenta años no ha sido capaz de manejar la entidad que nos pasa factura por concepto de la prestación de ese servicio, se hace realidad y ahora pueden ingresar sin restricción a los humedales. Encontrando con ello una vía de escape que evita invertir los cuantiosos recursos requeridos para construir toda la red de colectores de aguas negras que debe tener una ciudad que se precie de proteger su patrimonio natural.
 
 
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Un enorme caudal de aguas servidas corre por
los canales pluviales de la ciudad de Bogotá.
 
Como siempre siguen pasando de agache estas entidades públicas, en cuanto a buscar cómo resolver los riesgos que atentan contra el ambiente sano y van en contra de la salud, y la vida de plantas y animales que hacen parte de estos ecosistemas, así como la vida de los residentes vecinos y visitantes humanos que en un momento dado se encuentren en el área de influencia de los vertidos de aguas contaminadas. Sin considerar que estas obras denominadas corredores ambientales, se pensaron para acercar de una manera masiva a la gente, sin advertir los peligros que se derivan de una pésima gestión en materia de saneamiento básico, por cuanto los microorganismos que pululan en tales condiciones se dispersan a la atmósfera circundante en concentraciones peligrosas (incluyendo virus).
 
Nos preguntamos, ¿Qué hará al respecto la autoridad ambiental en cabeza de la nueva administración? 
 
Feliz celebración de los humedales, aunque, para ser sinceros, es la misma inconsistencia de las acciones de nivel nacional que buscan proteger el ambiente.
 
 
 
 
 
 
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